martes 4 de marzo de 2008
sábado 1 de marzo de 2008
Imaginate una foto de un blister de pastillas anticonceptivas,
cuatro filas de siete
algo doblado
roto
por el uso
con una calcomanía en la parte superior que dice: (dos puntos)
lunes martes miércoles jueves viernes sábado domingo /un día
sobre cada pastilla de la primera fila
siete
que ahora no están
porque solo quedan dos rojas
abajo
al fondo
del final
para decidir si detenerse
o devorar otro
o si te dejan
porque
de todos modos
hay que sangrar ésto.
viernes 29 de febrero de 2008
jueves 28 de febrero de 2008
martes 26 de febrero de 2008
Silencio
Te estoy mirando. Me gusta mirarte incluso cuando mirás otras cosas. Me gusta mirarte en el cine, y cuando guardás las llaves de mi casa. Entra, gira, abre y sale: sin palabras mágicas. Me pregunto si alguna vez tendremos el mismo juego de llaves. Dos iguales. Me olvidaría el mío. Me gusta pensar en el amor como la posibilidad intencional de olvidarme las llaves para usar las tuyas. Que vos las uses. Para mí. El amor en todas sus posibilidades: pedirte que cocines, cambiar las sábanas, ensuciar, que me sorprendas con un regalo; ese tipo de cosas. Lo cotidiano. No sé cuidar plantas, debería decírtelo. Supongo que eso también es parte del amor. Mi amor. Diferente pero mío, y tuyo. Tuyo y mío. Como en un sueño: estoy hablándome a mí, nadie escucha. Vos tampoco, pero me ves mirarte con esta expresión de -estoy pensando en amor-. Me gusta mirarte, debería decírtelo. De todos modos voy a tener que contestar cuando me preguntes. Esto va a terminar. Como cuando se enciende la luz. Quizás te pregunte si querés que te cuente sobre un sueño; empezaría diciéndote: soñé con vos. A veces soy muy cursi, pero no puedo dejar de soñar. Entra, gira, abre, sale: lo normal.
domingo 17 de febrero de 2008
Sobre el acto poético
Entonces te queda resonando en el cuerpo: involucrarse. Te animás. Agarrás la hoja y lo leés, metés el dedo hasta lo insoportable. Te asusta disfrutar la palabra, lo que duele, el grito: gritás porque ves sangre, y te gusta: por primera vez estás al borde de que no te importe.
sábado 26 de enero de 2008
lunes 10 de diciembre de 2007
jueves 6 de diciembre de 2007
5. Cumpleaños
Candela desliza la mano para sentirle un pezón. Ahí está: lo imagina desnudo. Antes cierra los ojos. Marcos le mete el índice en el ombligo, juguetón. Ella le imagina la espalda, se levanta apenas la remera. Quieren besarse, curiosean. La mano de Candela no puede evitar el pantalón. Entra. Marcos descubre el perfume, ese gusto a ella en la lengua. Quiere guardarlo, no piensa en otra cosa más que en atesorarla. Tiene miedo de olvidar ese olor tan de la piel. Inhala profundo. Respiran, vuelven a respirar, se escuchan respirar. Candela respira con la boca abierta, eso la excita; eso y el dedo de Marcos que continúa curioseando el ombligo: entra y sale entra y sale, un movimiento irresistible. Por eso ella abrió los ojos: para mirar. No puede evitar vivir. Se deja vivir. Vive. En medio de la calle en la esquina en la cama en un balcón. Algo fantástico: se olvidaron. De afuera parece un abrazo. Siempre de afuera las cosas son algo diferentes,
tengo miedo de abrir la boca/
ahora/
arañame/
no te vayas/
no me escuches/
no es verdad/
no me quiero ir/
besame un poco más abajo/
bajá/
justo por el cuello/ así/
seguí la curva/ los dientes/
estoy
La boca que se abre porque de la respiración comienza a brotar la nota aguda. Como un gemido en un espacio público. Halagador. Hasta que comienzan con la pregunta: ¿Qué estamos haciendo?, y caen en ese lugar. Tan normal, la realidad. Casi insoportable. Como respirar por la nariz sin siquiera notar el pezón.
jueves 29 de noviembre de 2007
POESÍA VISUAL imagen+palabras
POESÍA VISUAL imagen+palabras
Sábado 1 diciembre / 19 a 22 hs. / Paraguay 2155 / pasillo aula magna / buscame / Anita Co / Bibiana Bruno / Lidia Notaristefano / Nadia Rodovitzki / Clarisa Luz
domingo 11 de noviembre de 2007
4. Sobre él en ella
Estoy acá, de vuelta. Me gustaría describirte el lugar, tiene mucho verde. Hay nubes que buscan la forma en el cielo, alto, bajo eso tan celeste. Pienso en cómo sería el beso. Te extraño.
Parezco un sueño, nadie habla, sólo las luces que despacio comienzan a encenderse; no tienen trama de cuento: Dejo la palabra, magia, soy yo, real, con todo ésto. Y estás vos, en alguna parte. Espero.
Una señora con una mesa chiquita desparrama la suerte, collares aros pulseras sobre el terciopelo violeta. No hay colectivos porque sigo mirando el terciopelo. Violeta. ¿Estarás sonriendo? Esa parte mía, el adjetivo feliz.
No puedo decirte lo que hice antes, a veces las sábanas son un espacio de voz. Grito. Más. Tengo gusto a no saber qué, con el corazón tan excitado. Los dedos.
Porque en alguna parte del segundo piso, dejo de creerme. Giro, miro el costado. El día hace un ruido insoportable, a limpio.
Y como si la vida tratara de eso, despierto: ¿Estarás ahí? Cuando quiera que me digas la primera palabra, y la boca se escape buscando tu cuerpo. Y si lo encuentro.
miércoles 31 de octubre de 2007
La lucila del mar
Yo sé que falta para Diciembre, pero te amo. Y lo vivo, lo sueño, lo construyo. Quizás porque te siento adentro mío ondulante, o porque no puedo evitar querer estar ahí, cuando me abrazás y me decís que no me vas a soltar, que me amás, y yo me hago chiquita para que me tapes con el cuerpo.
Antes o después nos besamos pero no importa el desorden porque nos vamos a seguir dando besos. Voy a subir a tus pies y me vas a llevar a pasear por nuestro mundo, que es este mismo mundo de todos pero también nuestro, porque lo llenamos de eso que parece magia pero que no es magia. Como la felicidad.
Estamos nosotros, dos, brillando a dúo; y las luces se tocan, suaves. Somos luz. Podría quedarme suspendida en ese lugar que seguramente es color de rosa o amarillo, pero no importa el color, porque cuando te miro en mí, en medio de ésto, todo es blanco para escribirte que me gusta viajar.
Te respiro hondo porque estoy pensando en que, cuando vos tengas que ir a hacer tus cosas y yo las mías te voy a extrañar, y necesito esa partecita tuya, como aire. Para esperarte, y soñar en vos, con vos: mi lugar.
lunes 29 de octubre de 2007
a Clarice Lispector, desde lo más profundo de ella: Las primeras dos páginas.
PERO EXISTE LA VIDA
Pero existe la vida que es para ser intensamente vivida, existe el amor. Existe el amor. Que tiene que vivirse hasta la última gota. Sin ningún miedo. No mata.
, supuso que él quería enseñarle a vivir únicamente sin dolor, él había dicho una vez que quería que ella, cuando le preguntaran su nombre, no respondiera "Clarisa Luz", sino que pudiese responder "mi nombre es yo", pues tu nombre, había dicho él, es un yo, un yo que voy a escribir por las dos, un yo que haré nuestro: este es el momento de asumir mis ansias de ser, de traerte a este tiempo. Hasta me gustaría poder dejar de escribir lo que estoy pensando en verde. Siempre me gustó el negro y te lo obsequio para que entiendas, alguien en este espacio casi en blanco,"yo", espera, con los ojos bien cerrados, como espiando al cielo.
Apoyo la palabra sobre la palabra y susurro:
estoy por responder la pregunta,
comienza así
Ahí estaba el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y allí estaba la mujer, de pie, el más ininteligible de los seres vivos. El día que el ser humano se hizo una pregunta sobre sí mismo, entonces se convirtió en el más ininteligible de los seres por donde circulaba sangre. Ella y el mar.
viernes 5 de octubre de 2007
Mi capacidad de amar / o invadida
entre dos calles
que no son paralelas y a la vez
se cruzan cortan entrelazan muerden respiran escupen
se someten como yo
sí,
hoy es Martes, o no y no
me importa otra vez buscar
escaleras escalones escamas de caprichos que
(no los digo porque vos ya los conocés me tenés sabés)
una sola cama la cama el espacio que comparto cuando no me tapo con
toda la sábana y
me hago chiquita en un lado te uso de almohada y de paso te beso
busco la mano
mi abrazo a medida cuando todo el gusto
en la lengua
quiero decir ésto:
el lugar por donde paso el cuerpo abierto.
lunes 24 de septiembre de 2007
Libro intervenido: Prólogo.
el ABC y la vida,
las vueltas por las letras a
azul cielo de había una vez
un niño juega a formar los años
se alarga crece a
azul piñata
aprende cumpleaños y
algún día parecido a
azul ultramar lapicera
entre intentos garabatos y
fotos escriben juntos
dos veces las dos letras
pa pa
el viento las primeras vacaciones
a de asombro a de arena
azul sobre eso que empieza con s
-ese-
sopla hondo profundo
el capricho de volver a
la panza el sonido agudo afuera suenan los pasos
es él que espera que explote papel picado
los caramelos -ese- tan esperado y parecido
algo en el rostro o en las manos.
a de dar a entender en este último fin el gran amor,
pero antes, comienza así: Un paseo por el corazón.
viernes 21 de septiembre de 2007
Yulieth tiene un admirador
Vigilancia recibe las flores que delicadamente coloca sobre el mostrador -brillando de primavera- y las empleadas que regresan de los almuerzos se desparraman sobre la tarjeta buscando el nombre su nombre y en el mismo momento en que comentan qué lindo ramo se desarman de envidia por no llamarse Yulieth y piensan en por qué mi novio ya no hace estas cosas o por qué no tengo novio o por qué discutimos justo esta semana por qué no cambia por qué no lo cambio qué es lo que hago mal pero al final estoy mejor así porque quién necesita de esos detalles para vivir: Feliz día del estudiante.
jueves 20 de septiembre de 2007
Y salpico papel picado
desbordo
por lo pegoteado en la punta de la pregunta
por lo inmaduro de la respuesta
por las dudas
por tus dudas
por lo redondeado de la fruta dos veces redonda
por los dientes por qué destrozan
por hablar con la palabra
por adivinar la cereza
y digo cereza por miedo a
por una vez acostados con ese sueño
por éste/ese lado, por lo mismo
por seguir acostados.
desbordo por la cama por la espalda
*************************justo ahí
donde la curva busca el abrazo
y se desliza el deseo:
por necesidad.
miércoles 12 de septiembre de 2007
Gracias
cuando desperté, como todos los días de Lunes a Viernes, sin ganas de ir a trabajar otra vez, aún en la cama porque llovía, y sentí el perfume a naranjas apenas exprimidas -como escapándose de la cocina hacia mí-, el café, las tostadas delicadamente untadas, tu voz en mi mañana: (dos puntos) me di cuenta que estoy condenada a ser feliz. Y salí a empaparme.
miércoles 5 de septiembre de 2007
3.Cuando Mar
Le gustaba cómo él sostenía su pelo y le miraba la boca abierta
un labial rojo
rímel delineador
negro.
antes, esa misma tarde, pensó en llamarlo,
lo volvió a pensar: marcó el número, en el dos
cortó, encendió un cigarrillo,
volvió a marcar, buscó el tono, un corazón
tu tu tu tu
ocupado.
escribió en el cuaderno azul: estoy en mi cuarto extrañándote a gotas y llueve por todas partes donde dejaste tu perfume.
No pensó en cambiar las sábanas, tampoco lo hizo.
-¿Ocupado?
-¿Celosa?
-¿Importa?
era la pregunta lo que los mantenía unidos.
Sabía que aún no podía usar la palabra; guardó el cuaderno en la cartera y salió.
La primavera es particular: las flores hablan, el sol respira, los días crecen. Pero uno es esencialmente lo mismo, el deseo explorando la estación; no lo soporto.
golpeó: abierto.
Un extendido paso con el pie derecho y
ya estaba del otro lado.
viernes 31 de agosto de 2007
Infantil
Le quedaba poco de esa vida; aún así, no estaba ansioso. Prefería disfrutar de cada momento, casi tan especial como el sol que ahora lo miraba fijo.
Se miraban, el sol al hombre - el hombre al sol.
Podría ser esa una despedida, pero lo cierto es que ambos sonreían, radiantes.
El hombre un poco más que el sol, estrella condenada a permanecer en el mismo lugar, por siempre.
Pero él no; y caminaba dando saltos muy chiquitos. De baldosa en baldosa, avanzaba.
No dudó en saludar con algún ingenioso ademán a cada persona que cruzaba en su camino, una por una. Primero un niño de rulos casi blancos; luego una mujer hermosa, alta, altísima. Nuevamente un niño, pero esta vez de guardapolvo.
Le hubiese encantado cruzarse con algún animal peludo, pero en verano eran poco vistos. Entonces desparramó algunas miguitas por el piso y se sentó en el banco, junto al arenero.
Quizás hoy era un buen día para arrojarse por el tobogán: ya no le tenía miedo. Lo hizo, una, otra vez; innumerables.
Tampoco le importaban los números, pero los consideraba vistosos, ideales para un cuadro decorativo.
Seguramente a cada número, del dos al nueve, le asignaría un color. Le gustaba el amarillo para el siete; pero ahora el cielo comenzaba a teñirse de rosa. Era momento de regresar, avanzar por el camino elegido.
Crecer o despertar.
La diferencia es pequeña: siempre, por algún hueco, entra.
Lo importante es saber saltar.
miércoles 22 de agosto de 2007
Mi lector
Escribo para no olvidarme, para que no me olvides.
A veces creo que los momentos son como estrellitas -muy pequeñas- buscando un nombre. Alguien que las haga vida. Un espacio en la oración: "Ayer conocí una estrella llena de brillo, hermosa".
Pongo títulos, me voy de vacaciones, amo; a veces también estoy algo triste. Este texto me hubiese gustado llamarlo "Estoy algo triste", pero podría llegar a mi casa y encontrar todo como-no-lo-quiero: la cama desordenada, el piso del mismo tono, los zapatos incompletos, la comida sin hacerse, el horno. Y sonreír porque no tengo plantas.
Pero estoy lejos.
Quiero aclarar sensaciones en tinta, decorar cuadernos, paredes. Empapelarme. Estoy segura que vas a querer el color que yo quiera, así que no hago la pregunta. Nos amamos. Pero tengo ganas y escribo: "Amor, estoy a vivo rosa". Quiero que te acuerdes dónde me encontraste, y si me llamaste "la del brillo".
Escribo porque también quiero ser pequeña, que me pongas nombre, tu vida; y que hagas un espacio en la oración, o dos. Me repitas constantemente día tarde noche nuevamente noche.
"Amor, acá estoy: acordate"; o algo así: "Contame cuándo fue la primera vez que me miraste, con la sonrisa entre tanto cielo, y te gustó". Escribo sin signos de respuestas, desde el cuerpo ansioso, esperado. Un recuerdo de tiempo feliz; y mis palabras reencarnando tu momento. Siempre soy yo la de la voz.
Escribo porque la vida se trata un poco de ésto.
sábado 18 de agosto de 2007
No es Cenicienta
Ella verdaderamente disfrutaba el árbol completo de naranjas, mirarlo.
En Otoño el frío solía ser intenso, pero lo cálido del color de algún modo extraño le daba esperanzas; un poco también le recordaba a su padre.
Ve caer un fruto maduro a los pies del tronco y guarda la sonrisa. Se queda observándolo, ambos quietos.
Barre algunas hojas; hoy, como el resto de las noches, dormiría sola junto a las estrellas.
Escucha que la llaman de a gritos bruscos y entra.
"Dalila, debes planchar nuestros vestidos de fiesta, los necesitamos listos para hoy a la noche", le dijo la grotesca mujer mientras mordía una manzana y escupía restos. Continuó: "El rey invitó a todas las doncellas al palacio, quiere conseguirle esposa a su hijo, y tus hermanas...".
Dalila tomó la canasta junto a la mesa y regresó al árbol, sin mirar atrás, algo supersticiosa. Se aseguró que nadie estuviese cerca y dejó que -una vez más- la tristeza la ganara.
"¿Por qué lloras?", dijo una dulce voz. Dalila miró a ambos lados pero no encontró a nadie. Suspiró.
"Una joven tan hermosa no debería estar triste", se escuchó mientras Dalila buscaba arriba-abajo y nada.
Entonces: "¡Cuidado con la naranja!, si das un paso hacia atrás, tu delicado pie podría aplastarme". Dalila giró asustada y ahí estaba eso, al pie del gran árbol, ofreciéndole un hombro. Rió pensando en lo absurdo de buscarle el hombro a una naranja y no tuvo más remedio que contestar: "Hola, soy Dalila y no intento aplastarte, pero estoy tan triste", enfatizó el tan; y volvió a llorar desconsoladamente.
"Lo sé y puedo ayudarte, sólo debes cerrar los ojos y creer".
"¿Creer?" preguntó Dalila.
"Aquí, en tus pies, comienza la magia", escuchó mientras filtraba una luz por sus párpados; y entonces la marca cálida en la frente, como el beso de su padre en las noches más oscuras.
Con sus dos oídos escuchó: "Ahora abre los ojos, pero recuerda: a las doce de la noche caerá una naranja, rodará por el piso junto con este hechizo que será solo un recuerdo en forma de anillo. Los años hacen más viejo al árbol, pero en un sueño todos los hombres viven para siempre, como en los cuentos. Escribe tu historia Dalila y dibuja un final feliz antes de que la rama despierte y el viento se lleve tu noche a la misma cama -solitaria- por siempre."
Entonces los abrió con fuerza para verse en el umbral de la sala y sentir el ambiente perfumarse de calidez.
Su vestido naranja apenas tapaba su cuerpo dejando ver dos piernas infinitas hasta los zapatos.
Todas las mujeres transpiradas -casi derretidas- se escurrían al baño para perfumarse; de las paredes comenzaban a crecer grandes hojas verdes, flores muy pequeñas, algunos frutos, moras, frambuesas.
Dalila brillaba -vendita- entre todos los hombres que lentamente comenzaban a desprenderse los botones, dejar sus sacos, jugar con sus moños sueltos.
Pero uno solo fue suficiente para que Dalila sintiera deseos de escribir sobre un mismo cuerpo. Lo miró con expresión de final feliz mientras él caminaba hacia su cintura y la invitaba a ser su princesa en la espesa niebla de colores.
Ahora algunas cerezas, uvas, ciruelas y aun más hojas por el techo que coronaba el único bosque.
Una naranja rodó por el piso y se detuvo en el pie de Dalila. Comenzaron a caer maduras las doce campanadas junto con las hojas secas y ese tinte a muerte que devolvió el frío al palacio. Caían violentamente como si la velocidad evitara el sufrimiento de no estar más en ese estado tan verde; y caían de a montones -bien grandes- tapando la vista, alejando a Dalila de los brazos del príncipe, que sólo llegaron a alcanzar un zapato de cuero con pequeños detalles haciendo juego, en naranja.
Ambos lloraron, en el mismo momento, a la distancia.
Él juró encontrarla y ella recordó ser propiedad de su madrastra, por todas sus noches solitarias.
Al día siguiente el naranjo estaba intacto pero nada hablaba. Dalila arrojaba deseos al aire sin encontrar respuesta. "Ayúdame, creo haberme enamorado del príncipe", sin nadie que respondiera, sin nada. El silencio de las hojas crujiendo de frío la estaba enfermando y entonces, un ruido no habitual, la puerta golpeada, pasos de hombres, los gritos de sus hermanas, la voz de su madrastra: "Adelante, por favor, es un honor recibirlo en nuestra humilde posada, su Altesa".
Ya no quedaban dudas, era él y su perfume a frutas no tan frescas.
Se paró en el banco de madera, debajo de la ventana, para observar la escena en el interior de la casa: su zapato de noche mágica estaba intentando entrar en los poco femeninos pies de sus hermanastras. Entonces rió mirando sus pequeñas sandalias; los dedos congelados hacían a las ganas de entrar y develar el misterio.
Pero entre tanto soñar despierta olvidó el equilibrio y cayó de espaldas al piso, arrastrando consigo la canasta con naranjas y el ruido agudo de la madera madura, gritando.
Ahora él corre hacia el sonido, forcejea con la puerta, logra abrirla. La encuentra desparramada entre las naranjas, le acaricia una pierna, prueba el zapato, entra y se la lleva a la boca. Luego dos anillos y una misma cama en noches infinitas; algo muy parecido a por siempre y esa expresión a final feliz, tan verde pasión, los dos, algún día dando frutos.
viernes 17 de agosto de 2007
Bertoldo, Bertolino y Cacaseno
Se sentó del otro lado de la mesa:
"¿Y ese libro viejo?"
Algo interesada, pasó la mano por la tapa.
Luego hizo el gesto, respiró bien cerca, profundo. Respiró hondo, como atravesando paisajes.
Yo seguía -atenta- el movimiento cerrado, hasta que no pude contener la pregunta:
"¿Por qué lo oliste?"
Podría no haber respondido, hacer algo con la pava, un té:
"Para saber su recorrido, de dónde viene, lo que esconde adentro"
Por primera vez estábamos teniendo esa conversación.
En la cocina, en un instante. Hasta pudo haber olvidado que ya no estudio eso que tanto la hace feliz.
Un poco también pareció importarle mi libro, lo que estaba haciendo.
Seguí sin contenerme:
"¿Y éste por dónde pasó?"
Entonces lo tomó nuevamente. Cerró los ojos, lo olió. Muy despacio, evitando romper el canto, volvió a mirarme:
"Este libro tiene cruzada, guerra, un Rey"
Sonreímos juntas, como una de esas coreografías en el agua, verdaderamente felices.
Nos miramos la sonrisa -en silencio- queriendo decir algo, eso.
Luego pasó junto a la pava, el mate sucio sobre la mesada de mármol, mis ojos:
"Se puede leer con todos los sentidos"
Y salió.
Quise volver el tiempo atrás, o que vuelva.
Decirle te quiero.
Algo enojada, lo grité en mi cabeza, con el cuerpo mudo. Lo grité, me escribí la boca:
Que me lea, aunque sea una vez,
aunque nos separe esta puerta.
Lo que no digo, que lo sepa.
jueves 16 de agosto de 2007
Dedicatoria
Es ésto, desearte mar adentro mío,
el perfume a sahumerio de tu pelo
-mi favorito-.
Los mismos sueños, las mismas noches,
los cuentos hasta dormidos.
El uno en el otro - el otro en el uno
de profundo amarte.
Antes, ir al supermercado, hacer la cama,
comprarte un libro, el libro, este libro.
Sonreír al verte sonreír,
sonreír los dos,
esperar el beso tu boca en mi boca
el roce el beso el roce
este abrazo.
Y vivir en el mundo real.
viernes 27 de julio de 2007
Podría recordar un momento feliz de su infancia?
la casa era completamente blanca:
el techo / la pared / un balcón
las cortinas / el baño
-impecable-
vomité los azulejos y el piso
vomité el botón
el espejo
la mampara
vomité ropa
vomité desnuda con ganas de estar desnuda
vomité voces / personas
vomité mi nombre
lo dije varias veces
lo vomité por miedo a olvidarme
se lo vomité a las voces:
clarisa luz ni te importa el DNI estado civil soltera nacionalidad
vomité el apellido lo que no tengo
vomité y salí al patio
vomité verde
vomité la lora
vomité bienvenidos
el piso / la entrada / sus pies mirándome desde la planta alta
y me fui
con expresión de aire
como viviendo de vueltas
liviana.
lunes 23 de julio de 2007
Casi diez
Que se te caiga la boca
de a partes,
que sangre al piso,
se retuerza
ladre
y cada vez que quieras decirlo
me ataque;
me muerda y mate
por miedo
a todo este cuerpo
cansado de correr amante.
martes 26 de junio de 2007
2. Dormir es olvidar la pregunta.
Él no sabe dónde exactamente queda la luna,
pero la mira. Todas las noches, antes de regresar, se detiene
en la parte verde.
Desploma
el pasto
cae
el problema del destino:
una parada, su pequeña reserva de tiempo.
Y las ganas de no volver; quedarse suspendido
en paralelo, con el cigarrillo mirando: él y un punto rojo que mira
a la boca, vuelve, mira;
abre y cierra al frío.
Hasta que, en algún momento, casi sin notarlo,
de la noche
se apaga; para los demás
o por él: -No sé.
jueves 21 de junio de 2007
1. Empieza así:
Ella tiene los ojos como dos perlas, brillan. Porque viene de la luna y su pelo es suficiente excusa.
Definitivamente tendría que haber nacido cerca del mar, en alguno de los siete lugares donde todo el año hace calor. Porque el invierno la convierte en ausencia bajo tanta lana; le gusta pensar que sólo es magia.
Algunas veces ordena el placard, pero es alta y no entra.
Se desliza en la cama, recuerda que una vez fue un pedacito de cuerpo,
algo parecido a una niña, de las que juegan a arrancarle pétalos a las flores. Desde entonces cree en el amor -a su manera- con dos piernas que la condenan a ser parte.
Y vive en la tierra, para que él la vea
girando. Lo busca
entre sus vueltas.
Esto es un museo
Las ganas de vida y el silencio
en la distancia
espiando
eso que llaman arte
y yo del otro lado
gritando por las verdulerías,
pidiendo más carne.
Porque siguen existiendo kioscos adentro de las casas / porque sigo /
porque algo se muere y no nos damos cuenta:
Duele.
Macri y el arrasamiento del sujeto
Me ato al agua, me sumerjo,
ahí me quedo, fría,
porque estoy perfecta
en el -no ver ruido-. Nado,
pero me quedo acá.
-Hola, soy un objeto más.
Callo por los estantes.
miércoles 20 de junio de 2007
Sigo?
No sé, no quiero,
no muy lejos soy
de un mundo.
A veces,
dejar el corpiño y que venga
o salir,
porque yo espero
no usar tanto la boca;
y porque no paro: que me
conozca.
lunes 4 de junio de 2007
Vivida
Me estoy encontrando y no hay platos hondos.
Como escapándose, una luz roja.
Porque vuelvo.
Alguien suspira: -la mujer y la casa-. Nos miramos.
Sin despegarme de la vereda,
entro. Me dejo llevar por la escalera, aprieto la cuchara,
duelen los dedos de tanto escudo. Hago las tres vueltas hasta arriba.
Al final del pasillo un baño,
mas acá la habitación con los placares haciendo juego
por 21 años. Siguen quedándome grandes
los inviernos. Y la ventana que no me reconoce
sin el cigarrillo. Porque se enciende la noche:
-algún día quiero olvidarme.
No soy tan fuerte,
miento. Cuidame.
jueves 31 de mayo de 2007
Oportunamente
Hoy a la noche, sin maquillaje y vestida con el camisón negro,
iré a tu casa. Golpearé la puerta, seguramente tenga frío.
Debajo del saco mis piernas. Un poco más arriba las delicadas transparencias de la tela.
Porque estás diciendo -sí- con todo el cuerpo
a la boca. Una es tuya, entro.
Entonces la escena blanco y negro -de película- mi pelo
hasta la alfombra. Los azulejos
la bañadera, sucede.
Y me ducho en el mejor intento por
vaciarme la piel de tanto,
intenso: (dos puntos) -No comés en mi mesa.
sábado 26 de mayo de 2007
Reencarnación
... mi boca tomando vida en el espejo. Perfumándose color carmín.
Me senté y revolví la cartera hasta encontrar el esmalte y pintarme de a uno los dedos. Intentaba ser suave entre el movimiento.
Luego dejé caer la mano por la ventana. Podía sentir cómo el viento golpeaba mi piel secando el color. Casi terminaba la primavera. Mi cita a solo una estación. Me paré junto a las personas que aguardaban tras la puerta. Debía abrirse al milagro, llegar a destino, detener ese -dejarse llevar. Comenzar -de nuevo- comenzar.
El tren arribó a las siete en punto. Plaza Once eran suficientes personas como para llenar otro mundo. Pero estaban todas en éste y querían subir al mismo vagón -dejarse llevar.
La puerta abrió. Caminé al milagro, justo cuando el paso se hizo mudo en la boca: un hombre y su espalda llevándose algo mío. La camisa blanca perfumada color carmín.
Por un momento sentí la ausencia de vida, como obligada a callar mi pecado. Dejando una marca en otro cuerpo -desconocido- pero en mis labios.
Entonces llegué a mi destino. Lo besé y supe que compartiríamos la vida.
En cuanto al hombre del tren, podría llegar a la misma casa y descubrirme en su espalda. Dejarse seducir. Vestirme con otro cuerpo, imaginarme en su cama. Arrugar la camisa por los botones, llevarse la mano al pecho deseando no estar de espaldas.
Y sentir esa piel que ya no era mía.
Regresar la vista al tren para dejarse llevar a su destino.
De perfil al espejo, regalarle otra vida a mi boca y sonreír.
Así,
el amor.
lunes 21 de mayo de 2007
Postre
Y la cena llegó a su fin.
-Dónde está mi saco?-
No quiero irme del perchero. Finjo buscarlo
entre tu bufanda tu cuello. Me preguntás si verde manzana convina.
-Sí-
Subís
a máximo la estufa para desnudarnos la noche y dormir.
A la mañana busco las medias,
ahora no hay luz
entre las sábanas. Se sienten caer cáscaras a gajos,
como suaves frutas
pegoteadas.
miércoles 16 de mayo de 2007
Elefantes
Ahora no es momento de soportar un mundo y me dejo
caer.
Yo también tengo sueños que no uso.
Pesan.
lunes 14 de mayo de 2007
Siesta
Entonces me subo a tus pies y comienza la magia. Cierro los ojos y
te pido que me describas la casa.
Me llevás a pasear sin escaleras. Recorremos la mesa y te escucho:
-Estamos en el comedor donde cenás cuando hay visitas.
Atada a tu cuello cruzamos la puerta, nos detenés a la derecha del espejo gigante. Te beso el sonido y me quedo un ratito respirándote mientras enumerás los porta retratos del mueble marrón: -Nº 1: Tu hermana cuando no era rubia y vos, las dos haciendo boquita para la foto con un cristo inmenso detrás, Nº 2: La entrada de mundo marino en los noventas... te interrumpo la boca y seguimos hasta el sillón, te pido nueve vueltas para olvidarme dónde está el mundo.
Me hacés en la luz.
Podría no existir la ventana a mi derecha ni la mesita en mi espalda. Hago trampa, miro el piso negro, tan del living. Me río y las medias de nylon me escapan de tus pies. Casi nos caemos, yo ayudo un poco a la casualidad y el piso está frío.
Quiero correr a la cama pero vamos lento. Nunca pude aburrirme por más que intente. Seguimos las vueltas, me pierdo y lo siento: algo de mí perfumando el ambiente, no tiene nombre pero es nuestro. Un beso
y me subís hasta más arriba de tu pelo, me llevás y ahí voy.
Podría no existir algo mejor.
jueves 10 de mayo de 2007
Igual
1.
Cambié los muebles de lugar,
giré mis cuadros
justo cuando soy pasillo de ventanas altas que dejan ver
la luz de lo que afuera es día
y en la noche
y sin cortinas. Así,
desnuda.
miércoles 9 de mayo de 2007
La recurrente rima
Me fui para escribir
te extraño
y a mí ni me importan los años.
De mí, me fui
y extraño
el hacernos daño.
De cómo entró en mis sueños
Afuera el mar, el gusto a tarde de siesta.
Por algún rincón la playa duerme,
él tambien. Yo
leo paisajes de días de lluvia hasta ver caer una gotita en su nariz.
Somos del mismo cuento, y anochece.
El libro, abierto,
se llega a leer: (dos puntos) -Como un ángel,
devorame.
Monoambiente
Por donde filtraba luz había mar. Los dos
desparramados: Quién lleva perchas de vacaciones?
Pensé en tu pelo a la boca, estábamos tapados, tu almohada en el piso
te compartía la mía. Tenía ese sabor a arena mojada, me gustaba
aún no abrir los ojos y querer peinarte raya al costado. Giro y
me estás abrazando. La ventana sopla de gris, algo susurra
el mar puede esperar. Yo no, tengo frío y mis pies buscan el milagro
entonces vos me compartís el clima con tus manos y mi cuerpo
de tu lado de la cama,
apretados.
Coqueteo
Lo que más me gusta de mí son
mis muñecas
y no quiero que crezcan
son hermosas así
de pequeñas.
De rojo intenso
de izquierda a derecha
De negro inmenso
Me voy a llenar de lentejuelas,
me voy a coser
una al lado de la otra. Aunque hoy no tenga pulso
tomo el hilo, infinito hasta la aguja, esa que me traspaso
ombligo espalda espalda ombligo
y sigo, hasta llenar todos mis rincones.
Ninguna suelta.
Ninguno vacío.
Ver pasar el tiempo por la boca mi pelo mi pelo la boca
hasta olvidarme por qué me estoy cosiendo. Y este gusto. Olvidarme que duele.
Olvidarme y brillar. Volver a brillar.












