Meditar, encender un sahumerio, estirarse, poner la pava,
el deseo de querer hacer todo bien despacio. Una lentitud para estar presente. Qué quiero presenciar? El amor. El amor de todas las cosas, el amor que excede un movimiento, una persona, un lugar. Quiero presenciar el amor que viaja con la luz, que se descompone en un color, que se convierte en aire. Aire que me besa despacio al abrir la ventana, que susurra "buen día", que me enfría el cuerpo y aun así puedo sentir su amor. Amor con aire a Dios, amor a Dios.
Qué más puedo hacer esta mañana que agradecer por la suavidad de este papel en el que hoy escribo en un intento por describir lo que se siente al saber, al sentir quién soy. Una devota.
espacio de Luz
sábado, 30 de julio de 2011
martes, 30 de noviembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
Poema
Una pareja sale del cine, les pido la bolsa de pochoclos la coca y me lo dan. Qué poco puede hacer el mundo por mí.
domingo, 25 de julio de 2010
Soy afortunada
en la puerta de mi casa
una señora pregunta si tengo algo de ropa para darle
/en este momento de las dos/
entro, busco, encuentro, comparto
gracias señora por la oportunidad
por animarse a recibir
una señora pregunta si tengo algo de ropa para darle
/en este momento de las dos/
entro, busco, encuentro, comparto
gracias señora por la oportunidad
por animarse a recibir
viernes, 11 de junio de 2010
Como
el mar en todo su oleaje
en movimiento intenso
en su serenidad.
En cada grano de arena, agua y sal.
En lo sutil de sentirte respirándome.
Nosotros.
viernes, 28 de mayo de 2010
Concreto
En los dientes del mar, en la tormenta del tigre, en el gruñir de los árboles. Bajo las hojas, en el recorrido de las nervaduras, en la sangre de la tierra. Justo ahí, en el aire usado del hombre, en la exhalación de un ave, en el pez muerto, en los bichos que roen las espinas, en el pie que pisa los bichos. En el accionar del hombre que no sabe por qué pisa, y aun así lo hace vorazmente. En el desarmarse de las casas, en el souvenir de cumpleaños-de-15 gastado. En el velador gris de la mesita de luz, en las sábanas, en la marca de baba de tu almohada que si la mirás con los ojos entrecerrados se parece a los dientes del mar. En tus ojos entrecerrados, justo ahí.
lunes, 29 de marzo de 2010
.
Oler, coser, envolver, quebrarse, escribir.
Un fruto cae suavemente del árbol. Hay que sentir el curso natural de las cosas, estar presente.
Perfumar, proteger, embellecer, liberar, dedicar un poema.
Un fruto cae suavemente del árbol. Hay que sentir el curso natural de las cosas, estar presente.
Perfumar, proteger, embellecer, liberar, dedicar un poema.
jueves, 25 de marzo de 2010
Mensaje
Cada vez que escuches esta canción, yo voy a estar ahí. Cada vez que sientas este perfume, estaré en tu piel. En cada rama, en cada porción de mundo. Cuando tu boca esté dulce, estaré en tu boca. Cuando despiertes, en el espejo de todos los días, en la revelación de abrir una caja, atravesar la puerta. Voy a estar ahí. ¿Escuchás? Estamos sonando, tenés puesto un vestidito de puntilla blanca. ¿Me sentís? Este es mi cuerpo, nos representa. Estoy aquí, estamos a la vista. Digo: Yo soy ésto, y señalo el círculo que conduce mas allá de mi piel / en tu piel. Hay que abrir el sentido.
domingo, 21 de marzo de 2010
Volver
A mi hermano y a mí nos gusta escuchar el ruido que hacen las olas cuando rompen sobre las piedras. Como si el mar quisiera hablarnos, festejar que estamos juntos.
Voy a extrañar ese sonido.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Entonces
Una ola. Lo que hace que una ola tome su forma, se estire, rompa. El mar, la espuma del mar, los caracoles, una orilla. La posición de mirarse en pie.
Qué puedo decirte que ya no sepas. Un ruido de mar que no sepas, un sonido que te entre distinto en el cuerpo.
Que sepas que ya no soy lo mismo. Que me recibas igual.
Qué puedo decirte que ya no sepas. Un ruido de mar que no sepas, un sonido que te entre distinto en el cuerpo.
Que sepas que ya no soy lo mismo. Que me recibas igual.
martes, 17 de noviembre de 2009
Hoy ví crecer mi primer jazmín en flor
Hoy ví crecer mi primer jazmín en flor
/la naturaleza es un estado en acierto/
no quise sacar fotos ni llamar a un amigo para ver, no quise esperar a que algo nos pase
me senté en el escalón de la puerta, miré la maceta, moví la boca la lengua por la boca
/me ocupé de estar en acierto/
/la naturaleza es un estado en acierto/
no quise sacar fotos ni llamar a un amigo para ver, no quise esperar a que algo nos pase
me senté en el escalón de la puerta, miré la maceta, moví la boca la lengua por la boca
/me ocupé de estar en acierto/
viernes, 6 de noviembre de 2009
Matar a un perro
Matar a un perro. Agarrar el destornillador más largo de la caja de herramientas y salir a buscar un perro. Matarlo todo, matarle las piernas, matarle esa cola metáfora de felicidad. Salir a matar los árboles. Matar el suspiro de los que esperan en las plazas, matar a los autos debajo de los puentes. Matar el acto de movimiento, de transporte, de entrega. Matar las luces, matar la noche. Matar al hombre que salta por el alambrado roto y avanza. Matar los amigos. Matar toda y cada una de las cosas ajenas que aun tengan ganas de transmitirme vida. Eso, o borrarte del Messenger.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Noche 9. Se viene la
Me corté un dedo, puedo verlo sangrándome. Lo envuelvo en algodón y salgo a caminar. Es de noche dejo la mano fuera del bolsillo para sentir el escándalo. Entro al supermercado compro alcohol y curitas. Estoy circulándome, necesito escribir, escribir sin el dedo índice por eso entro a un ciber pido esta máquina para no olvidarme, porque sé que cuando ya no me duela no será importante, porque sé que el dedo seguirá ahí bajo el himno de algodón, sé que va a curarse pero necesito recordar el dolor patrio, necesito concentrarme en el latir circular de mi dedo índice. En el acto de lastimar. Tengo que confiar en el dolor.Voy 26 minutos "durante este tiempo has consumido $ 1.50",
miércoles, 7 de octubre de 2009
Observación
Necesito algo que me contenga de tu peso. Doy vueltas dibujo un círculo en el piso, círculo imaginario con los pies. Me siento, pienso. Necesito algo que me contenga de tu peso, algo que me asegure que no vas a venir que no te espere. Escribo besos, besos imaginarios con los dedos. Más besos que escribo y no me doy el lujo. Hablar de la otra cosa necesito. Ahora de pie, mirar la heladera mirar debajo de los imanes. Porque todo me recuerda a vos necesito algo que me contenga de tu peso. Desatender la afición dar vueltas por esta casa pensando que no vengas que nos va a venir. Estar a salvo.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Preso, persona dominada por un sentimiento
El personaje fuma. Se lleva el cigarrillo a la boca y fuma. Mueve los brazos y la voz efusivamente para silenciar a los perros. ¡Cállense!, dice. Luego mete la mano en la bolsa de galletitas y la revuelve. Saca la mano vacía, golpea el cigarrillo en el cenicero, toma mate. No sabemos qué está pensando nuestro personaje, o sí? Sí sabemos. Sabemos que quiso comer una galletita, que le molestan los ladridos de los perros, que está a gusto con las visitas. El personaje está sentado alrededor de una mesa junto con otros cinco personajes secundarios (de ahora en más llamaremos a nuestro personaje “protagonista”).
Esta reunión no se trata de una comensalidad. Es cierto que nuestro protagonista intentó comer una galletita, pero no hay manteles ni copas sobre la mesa; lo que los convoca es otra cosa, nuestro protagonista bien lo sabe. Se cruza de brazos, mira con ojos atentos al PS (personaje secundario) que ahora está hablando. Protagonista sonríe, mueve la boca hacia un costado, ¿por qué le dio risa? Ahora la mira a ella, continúa sonriendo. Se pone de pie evitando chocar la cabeza contra la lámpara, a tales efectos hace una curvatura con su cuerpo, agarra la mochila, cierra su campera, cruza la habitación el living la cocina el patio la reja y sale. ¿A dónde va nuestro personaje? No lo sabemos, no se ha despedido, la voz del narrador continúa en el interior de la casa. Los personajes secundarios están hablando, hay murmullos. Ha, el tema que los convoca esta noche es literatura, escritos de un chico, 19 años poeta y preso. Entra el protagonista, “buenas noches”, está fumando, acomoda la silla, se sienta. Fuma con el mentón hacia arriba. Éste sí es un poema de amor. Me gustaría que alguien me escriba algo tan hermoso, pero no lo digo porque ahora soy la voz del narrador, y los narradores no se cautivan con poemas de amor. El protagonista descalifica la palabra precioso. Los PS asienten. El protagonista alaba y elogia sus propios comentarios. Ahora apoya un costado de la cara, no importa dónde, lo importante es que desliza una mejilla, que baja la guardia, que escucha. Hay que escuchar, hay un poeta preso, 19 años. ¿Qué será de él cuando cruce las rejas y vuelva a la vida? Seguramente Nina lo esté esperando. Nina dice “Vos creés en la revolución? Bueno, ESO es la revolución”. Quizás esté en lo cierto y que seis personajes puedan atravesar los textos y cambiar este mundo, darle un rincón de vida a lo que llamamos presos. Despertar oportunidad.
Esta reunión no se trata de una comensalidad. Es cierto que nuestro protagonista intentó comer una galletita, pero no hay manteles ni copas sobre la mesa; lo que los convoca es otra cosa, nuestro protagonista bien lo sabe. Se cruza de brazos, mira con ojos atentos al PS (personaje secundario) que ahora está hablando. Protagonista sonríe, mueve la boca hacia un costado, ¿por qué le dio risa? Ahora la mira a ella, continúa sonriendo. Se pone de pie evitando chocar la cabeza contra la lámpara, a tales efectos hace una curvatura con su cuerpo, agarra la mochila, cierra su campera, cruza la habitación el living la cocina el patio la reja y sale. ¿A dónde va nuestro personaje? No lo sabemos, no se ha despedido, la voz del narrador continúa en el interior de la casa. Los personajes secundarios están hablando, hay murmullos. Ha, el tema que los convoca esta noche es literatura, escritos de un chico, 19 años poeta y preso. Entra el protagonista, “buenas noches”, está fumando, acomoda la silla, se sienta. Fuma con el mentón hacia arriba. Éste sí es un poema de amor. Me gustaría que alguien me escriba algo tan hermoso, pero no lo digo porque ahora soy la voz del narrador, y los narradores no se cautivan con poemas de amor. El protagonista descalifica la palabra precioso. Los PS asienten. El protagonista alaba y elogia sus propios comentarios. Ahora apoya un costado de la cara, no importa dónde, lo importante es que desliza una mejilla, que baja la guardia, que escucha. Hay que escuchar, hay un poeta preso, 19 años. ¿Qué será de él cuando cruce las rejas y vuelva a la vida? Seguramente Nina lo esté esperando. Nina dice “Vos creés en la revolución? Bueno, ESO es la revolución”. Quizás esté en lo cierto y que seis personajes puedan atravesar los textos y cambiar este mundo, darle un rincón de vida a lo que llamamos presos. Despertar oportunidad.
viernes, 21 de agosto de 2009
He visto. I
He visto el interior de un hombre. Me he visto temblando como tiembla una habitación vacía. He visto al miedo mover mis montañas, he dicho: pasó lo peor (lo he dicho con los ojos abiertos de espanto). Pude verme (quiero decir a mí misma) cerrando un ojo; y luego el otro. Como el acto de cubrirse una cicatriz.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Estarás despierto?
Abrazarte, en eso pienso. Abrazarte con todos mis brazos, con todos los medios del cuerpo. Abrazarte para que entiendas lo que todavía no aprendí a decir, decírtelo. En eso pienso.
Abrazarte, en eso pienso. Abrazarte con todos mis brazos, con todos los medios del cuerpo. Abrazarte para que entiendas lo que todavía no aprendí a decir, decírtelo. En eso pienso, en aprender.
Abrazarte, en eso pienso. Abrazarte con todos mis brazos, con todos los medios del cuerpo. Abrazarte para que entiendas lo que todavía no aprendí a decir, decírtelo. En eso pienso, en aprender.
lunes, 17 de agosto de 2009
Soltar
Se sienta del otro lado de la mesa: "¿Y ese libro viejo?"
Algo interesada, pasa la mano por la tapa.
Luego hace un gesto, respira bien cerca, profundo. Respira hondo, como atravesando paisajes.
Yo sigo con atención el movimiento de sus manos sobre el libro, pregunto:
"¿Por qué lo oliste?"
Podría no responder, hacer algo con la pava, ofrecerme un té:
"Para saber su recorrido, de dónde viene, lo que esconde adentro"
Por primera vez tenemos /esa/ conversación. En la cocina, en un instante. Sin importar que ya no estudio derecho, que no voy a ser abogada, que no haré a mi abuela feliz. Olvidándonos por un momento de quiénes somos, de qué venimos a hacer al mundo.
Algo interesada, pasa la mano por la tapa.
Luego hace un gesto, respira bien cerca, profundo. Respira hondo, como atravesando paisajes.
Yo sigo con atención el movimiento de sus manos sobre el libro, pregunto:
"¿Por qué lo oliste?"
Podría no responder, hacer algo con la pava, ofrecerme un té:
"Para saber su recorrido, de dónde viene, lo que esconde adentro"
Por primera vez tenemos /esa/ conversación. En la cocina, en un instante. Sin importar que ya no estudio derecho, que no voy a ser abogada, que no haré a mi abuela feliz. Olvidándonos por un momento de quiénes somos, de qué venimos a hacer al mundo.
Un poco también parece importarle mi libro, lo que estoy haciendo.
Sigo: "¿Y por dónde pasó?"
Lo toma nuevamente. Cierra los ojos. Muy despacio, evitando romper el encanto, vuelve a mirarme: "Este libro tiene cruzada, guerra, un Rey"
Sonreímos juntas, como una de esas coreografías en el agua, verdaderamente felices.
Nos miramos en silencio queriendo decir algo, hija y madre.
Sigo: "¿Y por dónde pasó?"
Lo toma nuevamente. Cierra los ojos. Muy despacio, evitando romper el encanto, vuelve a mirarme: "Este libro tiene cruzada, guerra, un Rey"
Sonreímos juntas, como una de esas coreografías en el agua, verdaderamente felices.
Nos miramos en silencio queriendo decir algo, hija y madre.
Entonces ella se para, habla: "Se puede leer con todos los sentidos"
Y sale, como queriendo decir algo más, yo sé que quiere decir algo más.
Y sale, como queriendo decir algo más, yo sé que quiere decir algo más.
sábado, 11 de julio de 2009
Sin título posible
A veces, cuando pienso mucho en vos
el corazón me late raro/
como si él mismo resolviera enmudecer para escuchar lo que estoy pensando
y después
seguir su curso/
el sedoso latir y latir
Leona. 23
Marcos está ocupado. Leona le escribe cartas, hace muecas con toda la cara (su gracia), piensa mucho en ellos dos juntos. Pero Marcos está ocupado. Es importante estar ocupado, piensa Leona. Piensa para estar también ocupada. En realidad Leona tiene un montón de tareas pendientes, una lista de veintitrés columnas abarrotadas de cosas por hacer. Pero Leona no quiere hacer ninguna de esas cosas, quiere pensar en Marcos para que aunque más no sea a la distancia, juntos, estén haciendo la misma única cosa.
jueves, 25 de junio de 2009
Reincidencias
El sol tiene esa (____) tan única, como un ojo abierto reflejando el interior, un interior lleno de climas. Me gusta el sol. Puedo estar triste pero si el sol viene a mirarme, si el sol me arremete como un animal, entonces. Entonces la cosa cambia. Si me apunta a la cara, si me va a dejar la piel hecha retazos, o si no. Dependo de su ojo antropófago, del tejido-de-hilos-dorados que llamamos sol. De este sol pendo, como de un brazo tuyo que cuelga boca abajo. Un brazo tuyo tiene esa (____) tan única. Como una soga anudada a la pulpa más débil del corazón.
viernes, 19 de junio de 2009
Para Ctrl-Z, revista postal
¿A dónde puede llevarte una imagen? ¿Cuántas palabras se necesitan para recordar una voz? Es temprano, te despertaste con la boca áspera, otra vez el mismo sueño. Abrís las cortinas, está por llover. Pensás que si a cada día de la semana le correspondería un color, el Domingo sería ausencia de luz, silencio. Quietud.
Hacés café, elegís una taza de entre todas tus tazas, buscás azúcar. Jugando con la cucharita decidís armar un álbum de recuerdos; todo lo que guardes allí adentro deberá trasladarte directo al centro del cuerpo, al corazón.
Empezás con una fotografía del mar, puede sonar algo cursi, pero el mar siempre es un buen comienzo. Luego desparramás sobre tu-mesa-de-trabajo servilletas, cartas, recortes de revistas, boletos de tren, pedacitos de papeles, notas, más fotos. Te alejás unos pasos de la mesa para obtener una vista panorámica de la escena: Toda una vida apoyada sobre un mantel.
Detenés la vista sobre la foto de la abuela, la extrañás. Por un momento (como en una película muda) volvés a tener siete años, a jugar con ella en el agua. Recordás la primera vez que viste el mar y supiste que la vida es digna de sentirse, aunque a veces duela. Esa misma vida que ahora atesorás en boletos amarillos sobre las páginas de tu álbum.
Escribir, fotografiar, diseñar, mover las manos, hacer dibujos en los márgenes de las hojas. Todo es obra de un mismo impulso del cuerpo: la necesidad de comunicación.
El desafío es trascender la palabra, dar con otras formas para decir. Desdoblar nuevos puentes.
¿A dónde puede llevarte una imagen? Está lloviendo, suena el teléfono, reconocés su voz. Mientras te habla de otros mundos fabricás un barquito con papel. Lo apoyás suavemente sobre la taza.
Te pregunta cómo estás, le contás del álbum. Se quedan callados unos segundos, escuchándose respirar. Respiran y vos imaginás tu cuerpo del otro lado del teléfono, junto a su cuerpo, alentando olas.
Hacés café, elegís una taza de entre todas tus tazas, buscás azúcar. Jugando con la cucharita decidís armar un álbum de recuerdos; todo lo que guardes allí adentro deberá trasladarte directo al centro del cuerpo, al corazón.
Empezás con una fotografía del mar, puede sonar algo cursi, pero el mar siempre es un buen comienzo. Luego desparramás sobre tu-mesa-de-trabajo servilletas, cartas, recortes de revistas, boletos de tren, pedacitos de papeles, notas, más fotos. Te alejás unos pasos de la mesa para obtener una vista panorámica de la escena: Toda una vida apoyada sobre un mantel.
Detenés la vista sobre la foto de la abuela, la extrañás. Por un momento (como en una película muda) volvés a tener siete años, a jugar con ella en el agua. Recordás la primera vez que viste el mar y supiste que la vida es digna de sentirse, aunque a veces duela. Esa misma vida que ahora atesorás en boletos amarillos sobre las páginas de tu álbum.
Escribir, fotografiar, diseñar, mover las manos, hacer dibujos en los márgenes de las hojas. Todo es obra de un mismo impulso del cuerpo: la necesidad de comunicación.
El desafío es trascender la palabra, dar con otras formas para decir. Desdoblar nuevos puentes.
¿A dónde puede llevarte una imagen? Está lloviendo, suena el teléfono, reconocés su voz. Mientras te habla de otros mundos fabricás un barquito con papel. Lo apoyás suavemente sobre la taza.
Te pregunta cómo estás, le contás del álbum. Se quedan callados unos segundos, escuchándose respirar. Respiran y vos imaginás tu cuerpo del otro lado del teléfono, junto a su cuerpo, alentando olas.
jueves, 18 de junio de 2009
Muerte al polen
De lo nuestro hay sobras
la pileta de platos sucios
la taza la mosca
dando giros los mismos giros
nos desplazamos como la mugre en el mar/
te acordás de las flores?
me contestás que no, acomodás el culo en la pileta
junto a la taza la mosca platos sucios
hacés olas y no me querés nadar
la pileta de platos sucios
la taza la mosca
dando giros los mismos giros
nos desplazamos como la mugre en el mar/
te acordás de las flores?
me contestás que no, acomodás el culo en la pileta
junto a la taza la mosca platos sucios
hacés olas y no me querés nadar
martes, 19 de mayo de 2009
H
Hay cosas que no pueden pasar desapercibidas. Por ejemplo, que te cague una paloma. Hay cosas que no tienen otra manera de decirse. Por ejemplo, me cagó una paloma. Hoy me cagó una paloma ¿Se entiende? Por ejemplo, caminar por la calle Rojas, sumarse a una manifestación, ver fuego, vivir el rito. Hay cosas que no pueden pasar desapercibidas. Por ejemplo, Macri sorete hijo de puta. Que te cague una paloma mientras gritás Macri sorete hijo de puta. Hay cosas que no tienen otra manera de decirse. Macri sorete hijo de puta. Hoy me cagó una paloma, estaba en la calle Rojas gritando Macri sorete hijo de puta y me cagó una paloma. Se entiende.
Voy a seguir caminando,
hay cosas que no pueden pasar desapercibidas.
Voy a seguir caminando,
hay cosas que no pueden pasar desapercibidas.
jueves, 30 de abril de 2009
Leona. 11
Miro la puerta, silencio. Pasa el tren, vibra el estante, cae un libro. Pienso, se murió y nosotros dos ya no vamos a ir juntos a Uruguay/ nosotros no. Nos quedamos quietos mirando muerte, sin esa manera de decirnos, sin el apodo que inventamos. Guardando fotos, acomodando libros. Nosotros ya no, necesito repetirlo, estamos solos/ como quien dice solos porque no estás conmigo. Aunque te llenes de personas que te hablen, que te digan el nombre, te llamen. Nosotros ya no.
miércoles, 29 de abril de 2009
Leona. 10
Hoy no habló de mí. MARCIA está embarazada, va a DAR vida. Hoy qué importa tanta muerte, tanta soledad. Hoy no hay tristeza que valga. Sonrío fuerte, me explota el pecho, la sensación de que el mundo va a seguir pariendo, que respirar funciona. HAY VIDA, más vida para dar y recibir, para los que estamos acá, para los que se fueron, para los que /por qué/ se los llevaron. Marcia va a dar vida, estoy emocionada, agarro la cartera y voy al supermercado. Miro los carritos de los otros, familias vivas comprimidas en paquetes de fideos moñitos, dulce de leche, harina, algodón, uvas, un desodorante de ambiente. Hoy que soy una persona normal, que voy al supermercado y llevo pocas cosas, creo en el amor. Estoy feliz, hago la fila de cajas y me digo CREO EN EL AMOR. Es una sensación cálida. Como llegar a casa con las pocas cosas que compré en el supermercado/ como soltar las bolsas sobre la mesada de la cocina susurrándote Dónde estás.
martes, 7 de abril de 2009
Leona. 8
Estemos solos, quiero decir solos. Viajo en tren, hago círculos con la boca, miro por la ventana. Ya no soy lo importante, estemos solos. Pienso en vos dónde, en yo acá. Me detengo en las caras de las personas, un hombre mira el piso, recuerda la expresión de su mujer cuando algo le gusta, quién sabe. Igual va a llover, y la palabra llover hoy es sorprendentemente parecida a llorar.
Que así sea.
Que así sea.
lunes, 23 de marzo de 2009
Animal de luz
- Volviste?
- No.
- Los vi caminando de la mano.
- Éramos como dos anguilas eléctricas tratando de comunicarse a través de la luz, de energía.
- Cómo te pegó lo que te conté del documental. Che, qué pasó al final con la rata?
- Sigue ahí, todavía no compró la ratonera. Quizás se trate de eso, de que todavía no compró la ratonera. Problemas de horarios, la ferretería siempre cerrada, ese tipo de cosas.
- Y vos?
- Sabés cuál es el problema? Que nunca vi una rata, no sé, qué se yo qué me va a pasar cuando vea una (mientras camina hacia la pileta para lavarse las manos, de espaldas) Cómo era eso del dimorfismo sexual?
- Escuchá, te va a partir la cabeza.
- No.
- Los vi caminando de la mano.
- Éramos como dos anguilas eléctricas tratando de comunicarse a través de la luz, de energía.
- Cómo te pegó lo que te conté del documental. Che, qué pasó al final con la rata?
- Sigue ahí, todavía no compró la ratonera. Quizás se trate de eso, de que todavía no compró la ratonera. Problemas de horarios, la ferretería siempre cerrada, ese tipo de cosas.
- Y vos?
- Sabés cuál es el problema? Que nunca vi una rata, no sé, qué se yo qué me va a pasar cuando vea una (mientras camina hacia la pileta para lavarse las manos, de espaldas) Cómo era eso del dimorfismo sexual?
- Escuchá, te va a partir la cabeza.
jueves, 5 de marzo de 2009
Paisaje
¿Por qué siempre va a ser así, tan árido? Estábamos hablando por teléfono y entonces apareció: el futuro como en stop-motion. Vos seguías hablando pero yo dejé de escucharte. En la visión-futuro estábamos los dos hablando por teléfono, era algo horrible, no había nada extraño. Tu teléfono en el mismo lugar. Vos me hablabas de lo que habías hecho de que tenías que terminar unas cosas nos vemos mañana. Yo te escuchaba, tenía puesta otra remera, pero era yo. Te escuchaba y por un momento dejaba de escucharte, vos seguías hablando pero yo dejaba de escucharte para pensar en lo de nuestro-futuro, lo mismo, tan árido. No hay verde por el que valga la pena morir.
domingo, 4 de enero de 2009
Leona. 6
Queda lejos Santiago, pero en Buenos Aires las calles también están vacías de gente. No hay pasos, no están tus ruidos. En Buenos Aires hay una pena que perfora la vida. Hay error. Dejaste la pureza en un espacio made in Buenos Aires y tuviste que salir a ( ).
Queda lejos Santiago, pero mi Buenos Aires no miente, no se conforma, no va a salir a buscarte. Buenos Aires sabe que tampoco vas a venir, que ya tenes planes. Y las calles sin ti. Fin.
Queda lejos Santiago, pero mi Buenos Aires no miente, no se conforma, no va a salir a buscarte. Buenos Aires sabe que tampoco vas a venir, que ya tenes planes. Y las calles sin ti. Fin.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Gracias por el silencio
A media cuadra de Avenida de Mayo y Uruguay, sobre una silla de madera colocada firmemente sobre la vereda, un hombre marca la hoja de un libro haciendo un triángulo con el papel. Luego habrá de envolver el regalo en su sobre-madera y esperar. Se trata de esperar.
Una imperceptible marca, pequeño doblez sobre el margen derecho de un poema.
El sujeto sobre la silla ha logrado separar la fibra del papel, hacer el triángulo con una sola de sus dos capas, ser invisible. El amor del sujeto en cuestión es invisible, invisible como el rocío. Invisible en el estante donde habrá de posarse. El estante el lomo del libro el brazo de ella. Imaginar sus ojos. Sabemos firmemente que el sujeto está pensando en sus ojos, en por qué ella evita mirarlo a los ojos; lo ha escrito en un cuaderno en mal estado. Sabemos el nombre del protagonista, pero no estamos hablando de nombres, estamos hablando del amor, y de la lluvia. Bueno, de la lluvia no tanto, más específicamente del rocío, de esa manera de llover invisible. Él sabe lloverse invisible. Siente el cuerpo satisfecho por la capacidad de silencio, por todo lo que cabe en el interior de un silencio. Se siente en un estado de gracia, felicidad que arrastra la imagen de ella al estirar el brazo el estante el lomo, un triángulo. El poema.
El sujeto arrastra la silla de madera, se pone de pie la ve llegar, tiembla. Es un temblor dulce, no hay que asustarse, hay que agradecer. Es momento de agradecer.
Una imperceptible marca, pequeño doblez sobre el margen derecho de un poema.
El sujeto sobre la silla ha logrado separar la fibra del papel, hacer el triángulo con una sola de sus dos capas, ser invisible. El amor del sujeto en cuestión es invisible, invisible como el rocío. Invisible en el estante donde habrá de posarse. El estante el lomo del libro el brazo de ella. Imaginar sus ojos. Sabemos firmemente que el sujeto está pensando en sus ojos, en por qué ella evita mirarlo a los ojos; lo ha escrito en un cuaderno en mal estado. Sabemos el nombre del protagonista, pero no estamos hablando de nombres, estamos hablando del amor, y de la lluvia. Bueno, de la lluvia no tanto, más específicamente del rocío, de esa manera de llover invisible. Él sabe lloverse invisible. Siente el cuerpo satisfecho por la capacidad de silencio, por todo lo que cabe en el interior de un silencio. Se siente en un estado de gracia, felicidad que arrastra la imagen de ella al estirar el brazo el estante el lomo, un triángulo. El poema.
El sujeto arrastra la silla de madera, se pone de pie la ve llegar, tiembla. Es un temblor dulce, no hay que asustarse, hay que agradecer. Es momento de agradecer.
miércoles, 29 de octubre de 2008
domingo, 5 de octubre de 2008
Leona D´uzon. 5
¿Quién quiere hacer un daño? El departamento es pequeño, con un vidrio roto. Lo observas. Tercer vidrio de la puerta balcón contando de arriba hacia abajo. Lo observas, te gustan las cosas pequeñas, en especial si brillan. Piensas en separar un pedacito de vidrio para tu colección de objetos-diferentes. ¿Quién quiere hacer un daño? Te sientas a la izquierda del macetero vacío, posición de meditación. Los vidrios rotos siguen ahí, observándote. Te miran, preguntan: ¿Quién quiere hacer un daño? La unidad hace a la fuerza, pero también la fuerza puede ser frágil. Te envuelves en tu propio cuerpo; aún no lloras, no es momento, hay que resolver la pregunta: ¿Quién quiere hacer un daño? Giras el cuello, recorres tu departamento: no hay nadie. Repites en voz baja: no hay nadie. Piensas en que podrías ir por la escoba, limpiarlo todo, acabar con la escena del crimen; pero estás inmóvil. Te da miedo equivocarte otra vez. Que nadie se entere lo del macetero. Piensas en llevarte los vidrios en silencio. Piensas mucho, piensas que estás pensando mucho, que deberías aprender a poner la mente en blanco. Que las cosas pasen, esas cosas que ahora te miran y preguntan: ¿Quién quiere hacer un daño?
Podrías estar toda la noche intentando poner la mente en blanco. Pero antes o después, yo sé lo que vas a hacer. Vas a juntar los vidrios, te guardarás un pedacito para tu colección, barrerás; todo volverá a ser como antes. Avisarás a los vecinos que en un descuido rompiste el cristal. Comprarás uno nuevo. Creerás que el rito fue suficiente, que mañana despertarás y todo estará bien, que tu peso gris se habrá roto junto con el vidrio. Creerás ser feliz. Pero no. No cambiaste nada. Los muertos están muertos. Las flores siguen oliendo igual.
No es que quiera desanimarte, pero ya habrá tiempo para limpiar las casas. Aunque duela, hay que vivir.
Podrías estar toda la noche intentando poner la mente en blanco. Pero antes o después, yo sé lo que vas a hacer. Vas a juntar los vidrios, te guardarás un pedacito para tu colección, barrerás; todo volverá a ser como antes. Avisarás a los vecinos que en un descuido rompiste el cristal. Comprarás uno nuevo. Creerás que el rito fue suficiente, que mañana despertarás y todo estará bien, que tu peso gris se habrá roto junto con el vidrio. Creerás ser feliz. Pero no. No cambiaste nada. Los muertos están muertos. Las flores siguen oliendo igual.
No es que quiera desanimarte, pero ya habrá tiempo para limpiar las casas. Aunque duela, hay que vivir.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Leona D´uzon. 4
No sé si sabías, pero el sexo está de moda. Está en los perros, en la tele, en las revistas. Está en los kioscos, en la mueca del diariero. Está en los colegios, en el exceso de maquillaje de las maestras, en la primera menstruación. Está en las vidrieras, en los escotes de oficina, en las polleras cortas, en las polleras a la rodilla, en las polleras largas. En la ropa interior: ahí está el sexo. En las lencerías, en las mujeres que vibran eligiendo el color que más les queda con la piel.
Está en los acolchados de raso, en los espejos, en los turnos de dos horas. Está en las mujeres policías, en los abogados, en el apio, en la nuez de Adán. Está en la Biblia, en el conocimiento, en el verbo conocer.
Está en la entrada de los cines, en la película, ¿Qué película? Quizás alguna en la que el protagonista -con algún nombre parecido a John- conoce a Linda en la librería de un pequeño pueblo al sur de Francia. Él está de visita en busca de tranquilidad, ella lee poesía y lleva flores silvestres en su canasta, ese tipo de cosas, amor. El sexo está en el amor. Yo me acuerdo del amor. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- *
* El personaje tacha lo que escribió a continuación de “Yo me acuerdo del amor”. Está exhausto. Nostálgicamente mira un punto sobre el marco izquierdo de la ventana: acción de recordar. El recuerdo esta vez se llama Pedro.
Tiene una sola foto de él, está en cuclillas abrazado a su perro como se abrazan los jugadores de fútbol para la foto grupal. Eso le causa mucha gracia. Sonríe nostálgicamente, todo ahora es nostalgia de lo que se tachó. Los imagina corriendo, pasándose la pelota, gritando un gol. El perro se llama Arturo –curioso nombre, piensa con gesto de asombro, asombro nostálgico- es grande marrón y con cara de perroguardián. Sin pelo. Él, en cambio, flaco pelo castaño y anteojos.
El personaje lleva la foto en su billetera. Cuando conoce gente en los bares, la saca y cuenta historias, muchas veces inventos. Nunca fueron juntos al cine. El personaje no sabe perdonar. (Nota del autor)
Está en los acolchados de raso, en los espejos, en los turnos de dos horas. Está en las mujeres policías, en los abogados, en el apio, en la nuez de Adán. Está en la Biblia, en el conocimiento, en el verbo conocer.
Está en la entrada de los cines, en la película, ¿Qué película? Quizás alguna en la que el protagonista -con algún nombre parecido a John- conoce a Linda en la librería de un pequeño pueblo al sur de Francia. Él está de visita en busca de tranquilidad, ella lee poesía y lleva flores silvestres en su canasta, ese tipo de cosas, amor. El sexo está en el amor. Yo me acuerdo del amor. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- *
* El personaje tacha lo que escribió a continuación de “Yo me acuerdo del amor”. Está exhausto. Nostálgicamente mira un punto sobre el marco izquierdo de la ventana: acción de recordar. El recuerdo esta vez se llama Pedro.
Tiene una sola foto de él, está en cuclillas abrazado a su perro como se abrazan los jugadores de fútbol para la foto grupal. Eso le causa mucha gracia. Sonríe nostálgicamente, todo ahora es nostalgia de lo que se tachó. Los imagina corriendo, pasándose la pelota, gritando un gol. El perro se llama Arturo –curioso nombre, piensa con gesto de asombro, asombro nostálgico- es grande marrón y con cara de perroguardián. Sin pelo. Él, en cambio, flaco pelo castaño y anteojos.
El personaje lleva la foto en su billetera. Cuando conoce gente en los bares, la saca y cuenta historias, muchas veces inventos. Nunca fueron juntos al cine. El personaje no sabe perdonar. (Nota del autor)
martes, 23 de septiembre de 2008
sábado, 13 de septiembre de 2008
lunes, 18 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Permiso
Cuidado con la palabra. “Nosotros no damos ese privilegio” le dijo con las manos entrelazadas a la altura del mentón. Es cierto, el tiempo es un privilegio que ellos no dan. No importa la circunstancia ni cuánto vales por centímetro cuadrado. Ellos no. Ellos hacen otra cosa. Respiran de tu respiración, pero no dan privilegios. Aceptan tus mimos, pero no privilegian. Hacen la otra cosa, levantan teléfonos, suman y restan, dejan pendientes. Pero el privilegio no. A ver si los demás también quieren y empiezan a desfilar por las grandes oficinas al grito de: ¡privilegio o muerte, privilegio o muerte! Las sillas de rueditas vacías ¡Privilegio o muerte! Gritos por los pasillos hojas con membrete ¡Privilegio o muerte! Escriben en las paredes escupen la puerta de vidrio lamen las manos a la altura del mentón ¡Privilegio o muerte! A ver si quieren privilegio y van a pedirlo con cara de ángel, le mueven la cola, sonríen. En algún momento -ellos/ nosotros- mueren.
domingo, 10 de agosto de 2008
Leona D´uzon. 3
Diálogo
Los sueños son como barcos. No voy a decirte que el mar es como la vida; el mar es mucho más grande. Luisa sabe de qué estoy hablando. A veces hacíamos barcos con servilletas. Sus barcos eran despampanantes. Pude haberme subido a uno si me lo hubiese pedido: confiaba en sus ojos y en el mar. Charlábamos mucho, de todo, de la vida. Nunca pude recordar la forma que tenía de doblar sus barcos. Siempre insistía en que debía apoyarlos suavemente en el mar, porque el mar podía ser salvaje con los barcos, por eso la urgencia de ser suave. La urgencia de cuidar lo ( ). Una vez también me dijo que no debía tenerle miedo al mar, que sólo era una parte del todo,
¿De qué todo?
De esto, de fluir.
Coire (ir juntos)
Cuando ella se abría, él la miraba con tanto amor que la cosa parecía importante. Sacó de su bolsillo de hombre un retazo azul y lo depositó en su mano de mujer, le dio forma de puño cerrado, habló: -Una porción de mar-
Miro mi mano, el pedacito de mar, entramos. Me dejo sacudir por la vida encerrada en los dibujos. Sé que él también: ví sus manos, los trazos. El agua es transparente, me arrodillo, pruebo. Quizás sea él la línea que cruza mi mano, ahora abierta, encerrándonos. Por primera vez no me da miedo, él sonríe conmigo. Sabe que el amor es regalar un espacio en el cuerpo.
¿Rompemos barcos con la boca?
Importa el después
Repito (para mí): Cuando no estés segura de decirlo, cuenta ordenadamente hasta diez. Luego reflexiona: ¿eres la misma persona?, ¿aún quieres decir lo ( )?
Meditar a veces no es tan fácil, por eso la necesidad de contar.
Abro el cuaderno, escribo:
¿Rompemos barcos con la boca? Quise decírtelo, hacerte entender que no creo en el futuro, por lo menos no después de. Perdón, quizás aun no esté preparada para dejar de no-decirte-algunas-cosas. Estoy esperando que, cuando termine, sienta la urgencia de decírtelo.
Cuando llegué a casa, abrí el tercer cajón de la cocina y rompí todas las servilletas que me llevo de los bares (¿debería decir llevaba?). Te gustaría verlo, un desfile concluso, pedacitos de recuerdos desparramados por el piso. Aún no me animé a juntarlos, esperando que vuelvas. La oportunidad de. Estoy haciendo café.
Dobló la carta en cuatro partes, la besó. Luego caminó hacia la puerta blanca evitando pisar los restos del desfile. Se detuvo, de rodillas, estiró la mano. A veces hace bien despojar a la cosa, soltarse. Ella lo supo en el mismo momento en que deslizó el papel por el pequeño espacio que dividía este-ese lado. Tomó café. Nunca le contó a nadie que lloró. Toda una mujer.
lunes, 4 de agosto de 2008
martes, 15 de julio de 2008
Leona D´uzon. 2
Nunca se sabrá cómo hay que contar esto. Quizás sea el día que no ayuda, o haberme acordado de Luisa. Estoy en silencio, repito (para mí): "No hay nada en el mundo que no vibre, solo hay que saber escuchar: no estás sola; y sigo: no hay nada en el mundo que no vibre…". Los cuentos son solo cuentos, no creo en la palabra amor. Hago una lista de lo inhabitable comenzando con la palabra amor:
· La palabra amor
· El color rosa
· Las nubes
· Los escalones
· La distancia de los pasos
Cierro el cuaderno: voy a salir. Antes miro la puerta, no estoy segura pero siento a alguien respirando del otro lado. Me acerco, apoyo la oreja en la madera, cierro los ojos para escuchar mejor. Hay alguien, lo puedo sentir, vibra del otro lado de la puerta. Lentamente caigo sobre el piso de azulejos negros y espero a que algo suceda. La respiración sigue ahí. Comienzo a acariciar la puerta blanca, apoyo mi mano lo más alto que me permite la postura y la deslizo suavemente hacia abajo, hasta mi cuerpo arrodillado. Ahora vuelve a ser mía, MI mano que acaricia la puerta en el incansable movimiento ondulante. Me acuesto. Aún está ahí. Suena el teléfono y no me importa, el teléfono es inhabitable, esto es otra cosa: hay alguien respirando conmigo, nos estamos conociendo, llamen en otro momento. Sigue sonando y la situación se vuelve algo excitante, como un trío amoroso. ¿Seguís ahí? –pienso- y como por arte de magia, porque para el romance se necesita magia, el teléfono calla y volvemos a ser sólo dos vibraciones, sólo el otro lado de la puerta y yo. Por fin solos, me gusta escucharte respirar –no lo digo pero lo pienso mucho, en estos momentos es en todo lo que pienso-, me gusta. Estoy esperando a que algo suceda, una manifestación, nosé, me gusta esto de respirar pero quizás podríamos acariciar algo más que madera, aunque un poco me asuste. Conocerte, podría pasar horas con Luisa hablando de vos.
Vuelvo a la situación, me siento, algo está por pasar, lo sé porque la respiración acelera y sube el tono, suave suena,
· La palabra amor
· El color rosa
· Las nubes
· Los escalones
· La distancia de los pasos
Cierro el cuaderno: voy a salir. Antes miro la puerta, no estoy segura pero siento a alguien respirando del otro lado. Me acerco, apoyo la oreja en la madera, cierro los ojos para escuchar mejor. Hay alguien, lo puedo sentir, vibra del otro lado de la puerta. Lentamente caigo sobre el piso de azulejos negros y espero a que algo suceda. La respiración sigue ahí. Comienzo a acariciar la puerta blanca, apoyo mi mano lo más alto que me permite la postura y la deslizo suavemente hacia abajo, hasta mi cuerpo arrodillado. Ahora vuelve a ser mía, MI mano que acaricia la puerta en el incansable movimiento ondulante. Me acuesto. Aún está ahí. Suena el teléfono y no me importa, el teléfono es inhabitable, esto es otra cosa: hay alguien respirando conmigo, nos estamos conociendo, llamen en otro momento. Sigue sonando y la situación se vuelve algo excitante, como un trío amoroso. ¿Seguís ahí? –pienso- y como por arte de magia, porque para el romance se necesita magia, el teléfono calla y volvemos a ser sólo dos vibraciones, sólo el otro lado de la puerta y yo. Por fin solos, me gusta escucharte respirar –no lo digo pero lo pienso mucho, en estos momentos es en todo lo que pienso-, me gusta. Estoy esperando a que algo suceda, una manifestación, nosé, me gusta esto de respirar pero quizás podríamos acariciar algo más que madera, aunque un poco me asuste. Conocerte, podría pasar horas con Luisa hablando de vos.
Vuelvo a la situación, me siento, algo está por pasar, lo sé porque la respiración acelera y sube el tono, suave suena,
domingo, 15 de junio de 2008
martes, 10 de junio de 2008
Cosas que no pueden compararse
el martillo con el juguete
la risa con el sonido del mar
el pito con el celibato
el deseo con el sexo
mi voz con la que sale del otro lado del teléfono
lo cursi con mi-amor
El problema de las comparaciones es que uno, por lo general, se siente obligado a elegir. Una vez escuché a una señora decirle a su hija de siete años: "elegir siempre es resignar algo". El martillo o el juguete.
Las cosas deberían tener más gris.
la risa con el sonido del mar
el pito con el celibato
el deseo con el sexo
mi voz con la que sale del otro lado del teléfono
lo cursi con mi-amor
El problema de las comparaciones es que uno, por lo general, se siente obligado a elegir. Una vez escuché a una señora decirle a su hija de siete años: "elegir siempre es resignar algo". El martillo o el juguete.
Las cosas deberían tener más gris.
martes, 3 de junio de 2008
Leona D´uzon. 1
Yo no sé qué quieren ver tus ojos. A veces no soy el lugar más cómodo. Estoy a favor de, a veces, no ser el lugar más cómodo. Supongamos que no tengo ganas de sonreír y punto (.) No me preguntes si ya sabés la respuesta: sí. Pero no lo digo, sólo te dejo ver lo naturalmente infeliz. La tristeza espontánea. El cuerpo encerrado en sus propios círculos, los ojos que caen tensos hasta abrirse a la lágrima. Estoy llorando, no es que quiera que me veas así pero de eso de trata lo espontáneo. Lo verdaderamente espontáneo. Quizás nos esté faltando un poco de eso,
levanto el teléfono y lo llamo
-llama-
lo imagino junto al teléfono
escuchándome sonar
tan igual todas las veces, en todos los intentos
, entonces: algo sucede. Supongamos que él no atiende, o yo no lo llamo; no importa, el punto es que no hablamos. Estoy a favor de, a veces, imaginarme haciendo cosas con él. Algo muy parecido a los sueños, pero más inventado, mío.
llueve, noche
estoy cenando
suena el timbre dos veces
como si el dedo intentara ser reconocido
como en señal de
Estoy a favor de las señales de amor, y de que sea él. Pero esta vez no.
levanto el teléfono y lo llamo
-llama-
lo imagino junto al teléfono
escuchándome sonar
tan igual todas las veces, en todos los intentos
, entonces: algo sucede. Supongamos que él no atiende, o yo no lo llamo; no importa, el punto es que no hablamos. Estoy a favor de, a veces, imaginarme haciendo cosas con él. Algo muy parecido a los sueños, pero más inventado, mío.
llueve, noche
estoy cenando
suena el timbre dos veces
como si el dedo intentara ser reconocido
como en señal de
Estoy a favor de las señales de amor, y de que sea él. Pero esta vez no.
martes, 4 de marzo de 2008
sábado, 1 de marzo de 2008
Imaginate una foto de un blister de pastillas anticonceptivas,
cuatro filas de siete
algo doblado
roto
por el uso
con una calcomanía en la parte superior que dice: (dos puntos)
lunes martes miércoles jueves viernes sábado domingo /un día
sobre cada pastilla de la primera fila
siete
que ahora no están
porque solo quedan dos rojas
abajo
al fondo
del final
para decidir si detenerse
o devorar otro
o si te dejan
porque
de todos modos
hay que sangrar ésto.
algo doblado
roto
por el uso
con una calcomanía en la parte superior que dice: (dos puntos)
lunes martes miércoles jueves viernes sábado domingo /un día
sobre cada pastilla de la primera fila
siete
que ahora no están
porque solo quedan dos rojas
abajo
al fondo
del final
para decidir si detenerse
o devorar otro
o si te dejan
porque
de todos modos
hay que sangrar ésto.
viernes, 29 de febrero de 2008
jueves, 28 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
Silencio
Te estoy mirando. Me gusta mirarte incluso cuando mirás otras cosas. Me gusta mirarte en el cine, y cuando guardás las llaves de mi casa. Entra, gira, abre y sale: sin palabras mágicas. Me pregunto si alguna vez tendremos el mismo juego de llaves. Dos iguales. Me olvidaría el mío. Me gusta pensar en el amor como la posibilidad intencional de olvidarme las llaves para usar las tuyas. Que vos las uses. Para mí. El amor en todas sus posibilidades: pedirte que cocines, cambiar las sábanas, ensuciar, que me sorprendas con un regalo; ese tipo de cosas. Lo cotidiano. No sé cuidar plantas, debería decírtelo. Supongo que eso también es parte del amor. Mi amor. Diferente pero mío, y tuyo. Tuyo y mío. Como en un sueño: estoy hablándome a mí, nadie escucha. Vos tampoco, pero me ves mirarte con esta expresión de -estoy pensando en amor-. Me gusta mirarte, debería decírtelo. De todos modos voy a tener que contestar cuando me preguntes. Esto va a terminar. Como cuando se enciende la luz. Quizás te pregunte si querés que te cuente sobre un sueño; empezaría diciéndote: soñé con vos. A veces soy muy cursi, pero no puedo dejar de soñar. Entra, gira, abre, sale: lo normal.
domingo, 17 de febrero de 2008
Sobre el acto poético
Entonces te queda resonando en el cuerpo: involucrarse. Te animás. Agarrás la hoja y lo leés, metés el dedo hasta lo insoportable. Te asusta disfrutar la palabra, lo que duele, el grito: gritás porque ves sangre, y te gusta: por primera vez estás al borde de que no te importe.
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