jueves, 6 de diciembre de 2007

5. Cumpleaños

Candela desliza la mano para sentirle un pezón. Ahí está: lo imagina desnudo. Antes cierra los ojos. Marcos le mete el índice en el ombligo, juguetón. Ella le imagina la espalda, se levanta apenas la remera. Quieren besarse, curiosean. La mano de Candela no puede evitar el pantalón. Entra. Marcos descubre el perfume, ese gusto a ella en la lengua. Quiere guardarlo, no piensa en otra cosa más que en atesorarla. Tiene miedo de olvidar ese olor tan de la piel. Inhala profundo. Respiran, vuelven a respirar, se escuchan respirar. Candela respira con la boca abierta, eso la excita; eso y el dedo de Marcos que continúa curioseando el ombligo: entra y sale entra y sale, un movimiento irresistible. Por eso ella abrió los ojos: para mirar. No puede evitar vivir. Se deja vivir. Vive. En medio de la calle en la esquina en la cama en un balcón. Algo fantástico: se olvidaron. De afuera parece un abrazo. Siempre de afuera las cosas son algo diferentes,

tengo miedo de abrir la boca/

ahora/
arañame/
no te vayas/
no me escuches/
no es verdad/
no me quiero ir/
besame un poco más abajo/
bajá/
justo por el cuello/ así/
seguí la curva/ los dientes/
estoy

La boca que se abre porque de la respiración comienza a brotar la nota aguda. Como un gemido en un espacio público. Halagador. Hasta que comienzan con la pregunta: ¿Qué estamos haciendo?, y caen en ese lugar. 

1 comentario:

Pol dijo...

buenos adgurios

felices (dos veces, muchas veces, siempre)

besos de los cerdos que se multiplican
que crecen
y se desparraman