El personaje fuma. Se lleva el cigarrillo a la boca y fuma. Mueve los brazos y la voz efusivamente para silenciar a los perros. ¡Cállense!, dice. Luego mete la mano en la bolsa de galletitas y la revuelve. Saca la mano vacía, golpea el cigarrillo en el cenicero, toma mate. No sabemos qué está pensando nuestro personaje, o sí? Sí sabemos. Sabemos que quiso comer una galletita, que le molestan los ladridos de los perros, que está a gusto con las visitas. El personaje está sentado alrededor de una mesa junto con otros cinco personajes secundarios (de ahora en más llamaremos a nuestro personaje “protagonista”).
Esta reunión no se trata de una comensalidad. Es cierto que nuestro protagonista intentó comer una galletita, pero no hay manteles ni copas sobre la mesa; lo que los convoca es otra cosa, nuestro protagonista bien lo sabe. Se cruza de brazos, mira con ojos atentos al PS (personaje secundario) que ahora está hablando. Protagonista sonríe, mueve la boca hacia un costado, ¿por qué le dio risa? Ahora la mira a ella, continúa sonriendo. Se pone de pie evitando chocar la cabeza contra la lámpara, a tales efectos hace una curvatura con su cuerpo, agarra la mochila, cierra su campera, cruza la habitación el living la cocina el patio la reja y sale. ¿A dónde va nuestro personaje? No lo sabemos, no se ha despedido, la voz del narrador continúa en el interior de la casa. Los personajes secundarios están hablando, hay murmullos. Ha, el tema que los convoca esta noche es literatura, escritos de un chico, 19 años poeta y preso. Entra el protagonista, “buenas noches”, está fumando, acomoda la silla, se sienta. Fuma con el mentón hacia arriba. Éste sí es un poema de amor. Me gustaría que alguien me escriba algo tan hermoso, pero no lo digo porque ahora soy la voz del narrador, y los narradores no se cautivan con poemas de amor. El protagonista descalifica la palabra precioso. Los PS asienten. El protagonista alaba y elogia sus propios comentarios. Ahora apoya un costado de la cara, no importa dónde, lo importante es que desliza una mejilla, que baja la guardia, que escucha. Hay que escuchar, hay un poeta preso, 19 años. ¿Qué será de él cuando cruce las rejas y vuelva a la vida? Seguramente Nina lo esté esperando. Nina dice “Vos creés en la revolución? Bueno, ESO es la revolución”. Quizás esté en lo cierto y que seis personajes puedan atravesar los textos y cambiar este mundo, darle un rincón de vida a lo que llamamos presos. Despertar oportunidad.
2 comentarios:
adiviné adivinadora. qué clase de personaje!
buenísimo, cada vez escribís mejor y con el estilo más marcado, acentuado, con sello personal. Tu estilo.
besitos
Coni
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