¿A dónde puede llevarte una imagen? ¿Cuántas palabras se necesitan para recordar una voz? Es temprano, te despertaste con la boca áspera, otra vez el mismo sueño. Abrís las cortinas, está por llover. Pensás que si a cada día de la semana le correspondería un color, el Domingo sería ausencia de luz, silencio. Quietud.
Hacés café, elegís una taza de entre todas tus tazas, buscás azúcar. Jugando con la cucharita decidís armar un álbum de recuerdos; todo lo que guardes allí adentro deberá trasladarte directo al centro del cuerpo, al corazón.
Empezás con una fotografía del mar, puede sonar algo cursi, pero el mar siempre es un buen comienzo. Luego desparramás sobre tu-mesa-de-trabajo servilletas, cartas, recortes de revistas, boletos de tren, pedacitos de papeles, notas, más fotos. Te alejás unos pasos de la mesa para obtener una vista panorámica de la escena: Toda una vida apoyada sobre un mantel.
Detenés la vista sobre la foto de la abuela, la extrañás. Por un momento (como en una película muda) volvés a tener siete años, a jugar con ella en el agua. Recordás la primera vez que viste el mar y supiste que la vida es digna de sentirse, aunque a veces duela. Esa misma vida que ahora atesorás en boletos amarillos sobre las páginas de tu álbum.
Escribir, fotografiar, diseñar, mover las manos, hacer dibujos en los márgenes de las hojas. Todo es obra de un mismo impulso del cuerpo: la necesidad de comunicación.
El desafío es trascender la palabra, dar con otras formas para decir. Desdoblar nuevos puentes.
¿A dónde puede llevarte una imagen? Está lloviendo, suena el teléfono, reconocés su voz. Mientras te habla de otros mundos fabricás un barquito con papel. Lo apoyás suavemente sobre la taza.
Te pregunta cómo estás, le contás del álbum. Se quedan callados unos segundos, escuchándose respirar. Respiran y vos imaginás tu cuerpo del otro lado del teléfono, junto a su cuerpo, alentando olas.
1 comentarios:
Clarisa, me encanta como escribís, es un placer leerte, Besitos
Publicar un comentario en la entrada