miércoles, 29 de octubre de 2008
domingo, 5 de octubre de 2008
Leona D´uzon. 5
¿Quién quiere hacer un daño? El departamento es pequeño, con un vidrio roto. Lo observas. Tercer vidrio de la puerta balcón contando de arriba hacia abajo. Lo observas, te gustan las cosas pequeñas, en especial si brillan. Piensas en separar un pedacito de vidrio para tu colección de objetos-diferentes. ¿Quién quiere hacer un daño? Te sientas a la izquierda del macetero vacío, posición de meditación. Los vidrios rotos siguen ahí, observándote. Te miran, preguntan: ¿Quién quiere hacer un daño? La unidad hace a la fuerza, pero también la fuerza puede ser frágil. Te envuelves en tu propio cuerpo; aún no lloras, no es momento, hay que resolver la pregunta: ¿Quién quiere hacer un daño? Giras el cuello, recorres tu departamento: no hay nadie. Repites en voz baja: no hay nadie. Piensas en que podrías ir por la escoba, limpiarlo todo, acabar con la escena del crimen; pero estás inmóvil. Te da miedo equivocarte otra vez. Que nadie se entere lo del macetero. Piensas en llevarte los vidrios en silencio. Piensas mucho, piensas que estás pensando mucho, que deberías aprender a poner la mente en blanco. Que las cosas pasen, esas cosas que ahora te miran y preguntan: ¿Quién quiere hacer un daño?
Podrías estar toda la noche intentando poner la mente en blanco. Pero antes o después, yo sé lo que vas a hacer. Vas a juntar los vidrios, te guardarás un pedacito para tu colección, barrerás; todo volverá a ser como antes. Avisarás a los vecinos que en un descuido rompiste el cristal. Comprarás uno nuevo. Creerás que el rito fue suficiente, que mañana despertarás y todo estará bien, que tu peso gris se habrá roto junto con el vidrio. Creerás ser feliz. Pero no. No cambiaste nada. Los muertos están muertos. Las flores siguen oliendo igual.
No es que quiera desanimarte, pero ya habrá tiempo para limpiar las casas. Aunque duela, hay que vivir.
Podrías estar toda la noche intentando poner la mente en blanco. Pero antes o después, yo sé lo que vas a hacer. Vas a juntar los vidrios, te guardarás un pedacito para tu colección, barrerás; todo volverá a ser como antes. Avisarás a los vecinos que en un descuido rompiste el cristal. Comprarás uno nuevo. Creerás que el rito fue suficiente, que mañana despertarás y todo estará bien, que tu peso gris se habrá roto junto con el vidrio. Creerás ser feliz. Pero no. No cambiaste nada. Los muertos están muertos. Las flores siguen oliendo igual.
No es que quiera desanimarte, pero ya habrá tiempo para limpiar las casas. Aunque duela, hay que vivir.
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