el martillo con el juguete
la risa con el sonido del mar
el pito con el celibato
el deseo con el sexo
mi voz con la que sale del otro lado del teléfono
lo cursi con mi-amor
El problema de las comparaciones es que uno, por lo general, se siente obligado a elegir. Una vez escuché a una señora decirle a su hija de siete años: "elegir siempre es resignar algo". El martillo o el juguete.
Las cosas deberían tener más gris.